El aumento de la población y el desarrollo hotelero en Cozumel han generado un volumen de aguas negras que supera la capacidad de la infraestructura local, provocando desbordamientos que dañan gravemente a los manglares.
Aunque se invirtieron más de 200 millones de pesos en la planta de tratamiento “San Miguelito”, el sistema está rebasado y el excedente de aguas residuales se desvía hacia áreas naturales. Este problema, que persiste desde hace años, es especialmente visible en el muelle de la Isla de la Pasión, donde el agua contaminada y los fuertes olores afectan la experiencia de los turistas en este importante acceso.
El impacto ecológico ya es evidente: la contaminación ha desplazado a la fauna silvestre local, como mapaches, venados y cerdos, que antes abundaban en la zona. Además, las corrientes marinas dispersan los desechos a lo largo de varios kilómetros, expandiendo la degradación ambiental.
Expertos y ambientalistas advierten que el deterioro de estos manglares no solo destruye la biodiversidad, sino que también deja a la isla sin su protección climática natural a largo plazo.


