– Exponiendo a la empresa depredadora por excelencia en Q. Roo. y su más reciente promoción hacia sus clientes.
De los creadores de “vamos a privatizar el patrimonio maya y a pagarle unas migajas a un comité para salir limpios”, llega una nueva e increíble puesta en escena legal y comercial de esta empresa que por décadas ha exprimido los recursos de Quintana Roo y la Península de Yucatán.
Para entender el nivel de audacia de esta empresa, hay que recordar que la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) les dio un golpe definitivo al revocarles los amparos con los que explotaban deliberadamente la iconografía, rituales y símbolos de la cultura maya.
¿Su brillante estrategia de defensa? Soltarle 15 millones de pesos al Gran Consejo Maya de Quintana Roo para simular un “permiso” colectivo, mientras las verdaderas comunidades los acusaban de mercantilizar y despojar su identidad.
La Corte fue clara: el patrimonio indígena NO SE VENDE a empresas privadas para sus campañas de marketing.
Obligados a limpiar su imagen tras el escándalo y desesperados por colgarse de la fiebre del Mundial, decidieron aplicar una de sus mayores especialidades. ¡Una joya de la mercadotecnia corporativa depredadora! Ahora llega: “somos tan patriotas que te regalamos una entrada al paraíso… pero el aire se cobra aparte”.
Es una genialidad del cinismo. Te venden el cuento de que se están poniendo la camiseta por la Selección Mexicana, prometiendo 150,000 entradas si el Tri llega a cuartos de final.
Suena increíble en el titular, pero cuando rascas un poquito la superficie, te das cuenta de que no es un regalo: es una emboscada para tu cartera y una campaña perfectamente diseñada para que esta empresa depredadora gane dinero sí o sí.
A ver, analicemos el “noble gesto”: te dan el boleto básico. Te avientan al sol de la Riviera Maya a nadar por kilómetros en ríos subterráneos, pero no te incluyen ni un vaso de agua, ni un buffet, ni un miserable casillero para guardar tus cosas.
Saben perfectamente que nadie aguanta diez horas ahí dentro en ayunas. El parque se convierte en una aduana donde, para sobrevivir al día, vas a tener que pagar los precios inflados de sus restaurantes a valor de euro o dólar.
Al final, tu entrada “gratis” te va a costar miles de pesos en consumos obligatorios. Por si fuera poco, el chiste se cuenta solo cuando ves las restricciones. ¿De qué le sirve un boleto gratis a un mexicano en Monterrey, Puebla o Guadalajara si el verdadero gasto es el avión, el hotel y el traslado? Es una promoción hecha a la medida del turista que ya tiene dinero para viajar, disfrazada de beneficio popular.
Y el tiro de gracia: el cuello de botella de los 100 boletos al día. Te dan el premio, pero te hacen pasar por un viacrucis burocrático para poder canjearlo, obligándote a ir cuando a ellos les conviene llenar el parque, nunca en vacaciones ni días festivos.
Pero el verdadero descaro se revela cuando desglosamos las cifras. En el remoto caso de que la Selección rompa las estadísticas y llegue a cuartos, Xcaret no va a gastar un solo peso, sino que va a ganar una millonada.
A la empresa, recibir a un visitante extra le cuesta exactamente $0 pesos de costo operativo (el parque ya está abierto, la luz encendida y los empleados pagados).
Bajo un escenario hipotético, donde cada ganador viaje con un acompañante, se calcula que la empresa se metería a la bolsa una ganancia aproximada de +$112,500,000 de pesos netos.
¿Cómo? Al rededor de 37.5 millones de pesos en puro consumo interno “obligatorio” (comida, agua y casilleros) de los supuestos ganadores, más otros 75 millones de pesos en taquilla por el boleto completo que pagarán sus acompañantes, porque seamos honestos: nadie viaja solo a la Riviera Maya.
Y si a esto le sumamos que los modelos estadísticos reales, como el del ITAM Sports Analytics Conference (ISAC), calculan que México tiene apenas un miserable 15% de probabilidad de llegar a cuartos de final debido al formato del torneo, el negocio es redondo.
Xcaret armó todo esto sabiendo que tiene un 85% de probabilidad de que la Selección quede eliminada antes, lo que les da millones de pesos en publicidad masiva en medios y redes sociales completamente gratis, sin tener que regalar jamás un solo boleto.
Es la definición perfecta de una estrategia depredadora: se cuelgan de la ilusión de la afición para lavarse la cara tras sus escándalos legales, consiguen publicidad gratuita y, si por milagro ganan las matemáticas, activan una máquina de facturación brutal.
Xcaret no te está regalando nada; te está vendiendo, con una sonrisa patriota, la oportunidad de ir a dejar tus ahorros a su casa. Una jugada redonda para ellos, y un gancho al hígado para el bolsillo del usuario.






